NI FRIO NI CALOR. TIBIO










Una de las frases históricas de Winston Churchill era, refiriéndose a sus adversarios políticos: “ Sólo aciertan cuando rectifican”. Valadez, por el contrario, cuando rectifica se equivoca más. Su memorable explicación de esta semana en relación al expediente de Luciano Sánchez quedará en los anales de la historia local. Cierto es que todos los decretos que emanan de alcaldía son públicos y deben comunicarse a los miembros de la Corporación a través del Pleno ordinario mensual. De la misma forma que es cierto que todos deben estar debidamente compulsados y foliados, con su correspondiente número de orden y registro de salida municipal. Lo tristemente real, lo que deben conocer todos los ciudadanos, es que los decretos no están numerados en el momento en que debe hacerse y que, de forma habitual, se mantienen huecos en el registro de salida para manipular a conveniencia. Si existiera un servicio de inspección municipal estos hechos no sucederían y no podría estar en boca de muchos ciudadanos informados que el famoso decreto de derribo estaba guardado en un cajón para darle curso de ponerse las cosas graves como así sucedió. Por eso Marisa Rodríguez no pudo verlo, porque no constaba en el expediente. Por eso no se dio cuenta del mismo al Pleno ni en Octubre ni en Noviembre, porque estaba guardado para mejor ocasión. Y cuando lleguen las duras, que llegarán, quien lo consiente, teniendo la guarda y custodia de esos documentos, será igualmente responsable y lo sabe. Tibio.


Ha tardado la Sala de lo Contencioso menos de lo que tarda en persignarse un cura loco en devolver al Tesorero a su despacho y su ordenador. No podía ser de otra manera, como ya comenté en un artículo de opinión en Diario Sol, al leer la sarta de incongruencias que contenía el Decreto. Lo que no termino de comprender es a quien asesora de esta manera al alcalde y sus talibanes de confianza. Cualquier persona con una mínima cultura, insisto, mínima, acceso a Internet y capacidad de comprensión se daría cuenta, tras leerlo, de que no tenía la menor posibilidad de prosperar. ¿A cuento de qué se provoca de esta manera a un funcionario que depende del Ministerio de Administraciones Públicas?. Por más vueltas que le doy no encuentro respuesta. El pasado Martes, en una nueva vuelta de tuerca, tras rectificar los decretos de vacaciones y envainársela con dos dedos, el alcalde le comunica la no concesión de la prórroga en su condición de funcionario. ¿Las razones? Peregrinas, como siempre. Pleitos contra los anteriores liquidadores y una falsa imputación por el Tribunal de Cuentas. Por partes: En relación a la primera, tiempo tendrá el alcalde de manifestarse sobre su no actuación al respecto de los contratos por más de cuatrocientos millones de las antiguas que debiera haber investigado. Sobre la segunda, simplemente con preguntar a la Asesoría Jurídica Municipal, a la que tiene ninguneada, cabreada y aburrida, habría sabido que la maniobra que inició su antecesor contra este funcionario se le volvió en contra y resultó que el único que salió limpio y sin imputación fue, precisamente, el Tesorero. Si, por abundar, se hubiera molestado en leer el Estatuto de la Función Pública, sabría que sólo hay dos razones para que un habilitado nacional no prorrogue sus servicios: Que no lo solicite o, de hacerlo, lo haga fuera de plazo. Ninguno de ambos supuestos se daban en este caso.
Bueno, lo de fuera de plazo si se ha dado, porque la respuesta negativa, además de carecer de sentido, común y jurídico, se ha hecho fuera de los plazos establecidos y confundiendo los días hábiles con los naturales. A lo mejor, siendo mal pensados, alguno ha tirado por esa vía para salvar el culo. "No me opongo formalmente a órdenes absurdas pero tampoco perjudico a compañeros que pudiera necesitar en el futuro" ha debido pensar.

El problema de los tibios es que ni frío ni calor. No se si me entienden.

SEPARACION DE PODERES






De un tiempo a esta parte uno tiene la sensación de vivir en una pequeña ciudad gobernada de forma bananera, dentro de una comunidad en la que los funcionarios ya no dejan lugar a las bananas, pertenecientes ambas a un país de pandereta gobernado por el payaso más triste y penoso del circo. Cada día que pasa la sensación se va acrecentando, máxime cuando tenemos la desgracia de vivir acontecimientos como los de esta semana. Dice la teoría que una democracia se caracteriza por la separación de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial tienen cada uno de ellos por separado sus propias competencias y una independencia relativa pero bien definida a la hora de actuar. En nuestra ciudad y en nuestra comunidad no sucede esto. En nuestra comunidad, por tanto en nuestra ciudad, el poder judicial está en manos del poder ejecutivo y, ya sea por presiones e intereses políticos, por miedos o por afán de mejorar en los correspondientes escalafones, la independencia sólo existe como vocablo de referencia, nunca como realidad palpable. Que el juzgado número cuatro de Estepona atravesaba una situación delicada, sus asuntos se ralentizaban sine die y la situación de la juez decana rayaba lo incomprensible, era moneda de uso común entre los profesionales del derecho. Que los servicios de inspección del CGPJ hayan actuado, precisamente, al ser imputado Valadez, raya lo impresentable y representa un claro y lamentable ejemplo de intromisión del poder ejecutivo regional en la autonomía judicial.
Claro que tampoco lo ha hecho mal el cuarto poder, esta vez en forma de agencia de noticias consorte, quien se lanza a denunciar un presunto asalto a la sede judicial responsable del sumario Astapa que sólo podía estar en su imaginación calenturienta e interesada. Ha tenido que ser el propio Juez titular quien saliera al paso de la manipulación para poner de manifiesto lo que era evidente. ¿Alguien ha pedido disculpas? Para qué si ya se ha conseguido el objetivo: desviar la atención sobre la noticia de verdadero interés y evitar que se hablara sobre los temas candentes, especialmente el pago de nóminas que a estas altas horas de la noche del Jueves parece se han abonado. ¿Cómo? Evidentemente de forma distinta a la “excusatio non petita” que hace sólo un par de horas ha lanzado Valadez. Nadar, nadar, hasta acabar en lo inevitable.
Para terminar voy a poner sobre la mesa algo que ningún grupo político reconoce debatir internamente pero en lo que todos, incluidos sus votantes, están de acuerdo. La imperiosa necesidad de debatir el asunto del personal de una forma diferente a la que se viene haciendo. Los ciudadanos, que pagan religiosamente sus impuestos elevadísimos, merecen otra forma de gobernar. Llevamos más de un año en el que el alcalde y su equipo sólo tienen un objetivo: pagar la nómina. No importan la forma, el origen de los fondos ni las irregularidades e injusticias que hayan de cometerse por el camino. Treinta días ¿trabajando? Para poder hacer frente al cáncer que corroe al Ayuntamiento. Es hora de echarle valor e imaginación, utilizar los resortes que permite la Ley y aquilatar la plantilla a las necesidades reales. Métodos hay. Falta valor político y sobran intereses de partido y sindicales. Los ciudadanos empiezan a estar hartos de que mientras se dejan las horas en la cola del paro continúe la sangría de fondos y se agoten los recursos con ese único destino. El cierre de comercios es continuo, los autónomos no levantan cabeza y el Ayuntamiento lleva un año sin hacer frente a sus compromisos con los proveedores. Quienes tienen la sartén por el mango (Endesa, Telefónica) lo tienen relativamente fácil. Quienes han arruinado su empresa y en muchos casos amargado sus vidas no tienen salida.
Si la cosa no llega a mayores es porque casi todo el mundo tiene alguien dentro de la casa, familiar o amigo en mayor o menor grado. Pero en la actual situación, con quienes trabajaban en paro y quienes están en edad de acceder a su primer empleo sin esperanza, es cuestión de tiempo que la esperanza se pierda y se acabe la paciencia. ¿Las consecuencias?: Imprevisibles, como un Juzgado de Instrucción.





ICEBERGS










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Para los que siguen habitualmente estos comentarios, la imputación de Valadez no ha debido cogerles de sorpresa. Como ya les anticipaba la pasada semana, el que algunos llegaron a considerar la reedicción del barco de la esperanza encontró su iceberg y ha comenzado su descenso a las profundidades. Es cierto que la causa que lo ha originado, su particular trozo de hielo, puede no tener la relevancia jurídica suficiente. Pero lo que es indudable es que, sumado al resto de los errores de bulto que han acompañado a su gestión, conforma la gota que derrama el vaso de la ineptitud y de la tibieza en sus actuaciones, máxime en su especialidad de ver la paja en el ojo ajeno y obviar la viga en el propio.
No pienso ser yo quien critique una actuación técnica de la que carezco la documentación necesaria. Lo que nadie me negará es el derecho a la crítica política y, en ese sentido, a afirmar que el responsable de la ilegalidad hace ya tiempo que debió ser cesado. Como nadie me podrá echar en cara que exija del máximo responsable que inicie la reclamación de las cantidades percibidas ilegalmente por su mano derecha la concejal de Personal, Cristina Rodríguez. O que le exija que ponga en conocimiento del juzgado la irregular contratación del decano del colegio de abogados de Málaga, por importe de 150.000 euros, que fue puesta en su conocimiento por el tesorero municipal en su condición de liquidador de las sociedades municipales. También podría haber actuado en relación a los cuatrocientos millones de las antiguas pesetas que, desaparecidos de las arcas de las citadas sociedades, no han servido para el pago a proveedores sino para llenar los bolsillos de los anteriores responsables mediante contratos de dudosa legalidad que nadie parece tener el menor interés en investigar.
De la misma forma que señalo lo anterior, me reitero en las denuncias que he venido realizando en los últimos meses: Mentira tras mentira en asuntos económicos, inacción en la actividad y gestión municipales, represalias contra funcionarios por no plegarse a sus tropelías y falta de coraje para dar la cara. Si a esto le añaden la falta de respeto a los acuerdos plenarios y un equipo de gobierno conformado por tránsfugas, miembros discrepantes de su propio partido y representantes de las minorías en las últimas elecciones, comprenderán que la imagen que trasciende al exterior sea la de una república bananera.
Si a todo lo anterior le añaden que no hay un duro en la caja, que se está disponiendo de fondos de obligado depósito para el pago de nóminas, cuando no de subvenciones finalistas, y que se represalia a quién lo denuncia, entenderán que llevemos meses siendo noticia única y exclusivamente para lo malo. Dice Valadez que sólo saldrá de la alcaldía si se lo pide su partido. Poco le importan los cientos de ciudadanos que carecen de recursos, los trabajadores que aún no han cobrado su nómina o los proveedores del Ayuntamiento que han pasado de cobrar a sesenta días a desconocer cuando cobrarán, si alguna vez llegan a hacerlo. Parece claro que el alcalde sólo pretende perpetuarse en el poder a costa de lo que sea. Es decir, concluyendo, que no es sólo un iceberg lo que debe preocupar a Valadez. Son numerosos los que le están acechando los últimos meses. Y, justo es decirlo, única y exclusivamente por su torpeza al erigirse en juez, jurado y ejecutor en lugar de ocupar el lugar para el que había sido elegido.
Claro que tampoco es sencilla de entender la postura del Partido Popular. Mena pide su dimisión con la boca pequeña a sabiendas que esto supondría la definitiva disolución del Ayuntamiento y, por consiguiente, la formación de una gestora. Órgano este último que daría definitivamente al traste con sus aspiraciones de continuar en la pomada con el único mérito de haber pasado desapercibido los últimos años y estar en el sitio oportuno en el momento oportuno para una dirección provincial que, por no saber, desconoce que en Estepona tenemos puerto de mar.

EL BARCO DE LA ESPERANZA



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     Hace ya muchos años, cuando los curas llevaban sotana larga y el caudillo invicto inauguraba pantanos, en Estepona se hacia un programa de radio llamado “El barco de la Esperanza”. El objetivo era recaudar fondos para fletar un barco lleno de alimentos, medicinas y útiles de primera necesidad con destino a un país allende los mares que quién me contó esta historia ya no recordaba. Eran años difíciles, el dinero y la esperanza se perdieron y, como decían los ancianos a sus nietos, el barco se hundió.
     Hace cosa de año y medio, tras la operación Astapa y la constatación de que quienes hicieron la denuncia fueron David Valadez y Cristina Rodríguez, algunos viejos militantes socialistas que no comulgaban con sus antiguos líderes, vieron en los denunciantes su particular barco de la esperanza. Hoy, tras los sucesos de la mañana del viernes, a estos viejos militantes se los ha vuelto a hundir el barco y han visto desaparecer la esperanza.
     Es curioso como distintas personas, con distinta formación, procedentes de distintas familias y en principio tan lejanas en su concepción de la vida, caen en los mismos errores. La destitución encubierta del Tesorero Municipal, mi amigo Félix, no es más que la culminación de los síntomas que Valadez venía mostrando en sus ya largos últimos meses de mandato. Una pérdida absoluta de su Norte político, si alguna vez lo tuvo, obligado probablemente por un equipo nefasto que necesita a toda costa que su líder se mantenga. Porque el día que Valadez caiga, quienes le rodean volverán a ser los oscuros, inútiles y siniestros personajes que fueron en su anterior vida profesional. El iceberg de este triste barco de la esperanza puede asomar por múltiples lados. Desde la decepción que ha supuesto su falta de juicio y sus mentiras a los profesionales de la información que hasta ahora creían en su historia de honradez y decencia, hasta los tambores de guerra que se vienen escuchando las últimas semanas en materia de disciplina urbanística o la responsabilidad compartida como portavoz del grupo municipal socialista en el caso Astapa. Con todo, lo triste y lamentable es la constatación de que, una vez más, tenemos un máximo dirigente sin criterio, sin principios y sin sentido ético. Todo lo que Valadez ha hablado, criticado y denostado se le ha vuelto en contra a la primera dificultad. Ha demostrado una absoluta precariedad como gestor y se ha entregado en manos de sus paniaguados, tristes palmeros de una incapacidad manifiesta.
     Félix Domínguez, recuerdo, es el mismo funcionario al que acudía Valadez en busca de información de los desmanes de su antecesor. A quién pedía los papeles que su propio grupo le negaba porque no se fiaban de él. El mismo que denunció adjudicaciones dudosas, convenios poco claros, cuotas de urbanización que se intentaban cobrar por órganos no autorizados o proyectos de reparcelación en los que se beneficiaba a determinados particulares en detrimento del propio Ayuntamiento. El mismo al que le pedía papeles para que quien hoy hace sordina, hiciera de altavoz. Y ha reaccionado igual que el otro. Mandando a la policía para desalojarlo de su lugar de trabajo. Es probable que no sepa, su ignorancia no se lo permite, hasta que punto es grave su error. No ya únicamente desde el punto de vista jurídico, que también, sino del mediático. Ha dejado de ser ejemplo de nada y para nadie, si alguna vez de verdad, a solas, creyó serlo, para convertirse en un dictadorzuelo más de pueblo que se cree protegido por alguna extraña capa de impunidad. Que equivocado está, todos han podido comprobarlo. La Ley para él solo es una voz del diccionario. No cree en ella como no cree en el respeto, en el Derecho o en la Constitución, que celebra tres días antes para quitarse de enmedio.
     No voy a extenderme mucho más. El hundimiento es irremediable y sólo cuestión de tiempo, de poco tiempo. Y de eso, a falta de dinero, nos sobra para esperar verlo pasar. Entre amigos, como corresponde a gente cabal. Claro que de eso él no entiende. De lo otro sí.

A QUEMARROPA





ACTOS MEMORABLES







Artículo de opinión para Diario Sol




He podido ver directamente el memorable escrito que se ha enviado hoy en forma de Decreto al Tesorero Municipal, mi amigo Félix Domínguez. Como empieza a ser habitual en este Ayuntamiento, memorable viene de memo, ya que no puede considerarse de otra forma a quién ha tenido la osadía de cumplimentarlo.
Lejos de entrar en el fondo de la polémica, les emplazo al Sábado en Estepona Información, voy a referirme a este hecho concreto. Se pretende obligar a un Funcionario de Habilitación Nacional al disfrute de las vacaciones reglamentarias cuando éste, al igual que la Interventora Municipal, en un ejercicio de responsabilidad dada la caótica situación del Ayuntamiento, renuncia a un derecho legítimo, que no obligación, sin siquiera pretender su compensación o abono.
Dice el documento que "vista la abierta negativa del funcionario al disfrute de dichos permisos legales" y "considerando que las Vacaciones constituyen un derecho irrenunciable y estipulado como tal en la Ley 7/2007, de 12 de Abril, por la que se aprueba el Estatuto Básico del Empleado Público, que han de disfrutarse en el año natural y no pueden ser compensadas económicamente"; El Sr. Alcalde-Presidente, en uso de las facultades que le confiere el artículo 185.2 del Real Decreto 2/2004, ha resuelto con esta fecha:
Disponer: 1º.- Que el Funcionario de este Ilmo. Ayuntamiento, D. Félix Domínguez Pimienta, proceda a disfrutar del periodo vacacional que le corresponde, dada su inminente jubilación forzosa, desde
el día de hoy 2 de Diciembre de 2.009, hasta el próximo 7 de Enero de 2.010.
Vamos a analizar el documento para que ustedes entiendan lo de "memorable" y lo de "memo". En primer lugar alude al derecho irrenunciable de las vacaciones atendiendo a La Ley 7/2007 que, en su artículo 14 relativo a los derechos individuales, apartado m, señala que los empleados públicos tienen derecho a "las vacaciones, descansos, permisos y licencias". En ningún artículo del Título III que regula los derechos y deberes y el código de conducta de los empleados públicos, se reconoce el disfrute de las vacaciones como una obligación sino como un derecho y, como tal, libre de ser ejercido por el funcionario.
Continuamos.Señala el propio Decreto que "las vacaciones deben disfrutarse dentro del año natural" y, por el contrario, se le obliga a disfrutarlas entre el 2 de Diciembre y el 7 de Enero de 2.010. Salvo error, el 2010 ya es otro año natural.
Finalmente, para culminar el despropósito, el alcalde dispone las vacaciones del Tesorero en uso de las facultades que confiere el artículo 185.2 del Real Decreto 2/2004, el cual y perdonen el latazo jurídico, dice lo siguiente: "Corresponderá al presidente de la corporación el reconocimiento y liquidación de las obligaciones derivadas del compromiso de gastos legalmente adquiridos". Es decir, un artículo de contenido económico, sin ningún tipo de relación con el asunto que se decreta y, probablemente, víctima del copia y pega que tan moda se ha puesto en esta cada vez menos santa casa en materia jurídica. Claro que, recordarán sus tiempos más lejanos de estudiantes, hay que ser listo hasta para copiar. 
Lamentablemente, la ciudad de Estepona, sesenta mil habitantes de derecho, más de cien mil de hecho, mil quinientos trabajadores, más de ocho mil parados y todo un tejido industrial y comercial en una profunda crisis, están en manos del "memo-rable" ejército de Pancho Villa que rodea a Valadez.